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Tipo de relación laboral de los jugadores de hockey sobre patines

Unos jugadores de hockey sobre patines firman un contrato con una Fundación privada en el que se fijaba como retribución en concepto de dietas y kilometraje las cantidades de 8.500 y 11.000 euros para cada uno, y posteriormente suscribieron un segundo contrato, en el que se establecía que su actividad como deportistas no era objeto de retribución alguna, y que únicamente ésta, cubriría los gastos que dicha actividad le pudiese generar previa presentación de los correspondientes justificantes.
Se trata de determinar si nos encontramos ante una relación laboral o frente al ejercicio del deporte amateur. Lo que realmente determina la profesionalidad es la existencia de una retribución a cambio de los servicios prestados, pues la ausencia de salario determina la cualidad de deportista aficionado; y esta exigencia legal no va referida a la percepción mínima del salario interprofesional.
Se considera deportista profesional a aquél que, en virtud de una relación establecida con carácter regular, se dedique voluntariamente a la práctica del deporte por cuenta ajena y dentro del ámbito de organización y dirección de un club o entidad deportiva a cambio de una retribución; y la exigencia de la misma es un requisito que lo diferencia del aficionado que es aquel deportista en el que concurriendo las restantes notas practiquen el deporte en la esfera de un club, pero percibiendo de éste solamente la compensación de los gastos derivados de su práctica deportiva.
Si bien la norma elimina de su ámbito de aplicación al amateurismo compensado, la propia existencia de esta práctica deportiva compensada aumenta las posibilidades de enmascarar la retribución, por lo que no resulta infrecuente la presencia del llamado amateurismo marrón, producto de la manipulación contractual, lo que impone fijar criterios orientativos en orden a deslindar el deporte compensado del propiamente retribuido a través de las tres reglas siguientes: a) al deportista le corresponde acreditar la existencia de la contraprestación económica, pero una vez probada ésta, debe ser la entidad deportiva quien acredite que las referidas cantidades tienen carácter simplemente compensatorio, lo que únicamente tendrá lugar cuando pruebe que no exceden de los gastos que en la realidad tenga el deportista por la práctica de su actividad; b) la naturaleza -compensatoria o retributiva- de las cantidades percibidas es por completo independiente del término que al efecto hubiesen empleado las partes; c) la periodicidad en el devengo y la uniformidad de su importe son indicios de naturaleza retributiva, al ser tales notas características del salario, frente a la irregularidad y variabilidad que son propias de las verdaderas compensaciones de gastos.
En este caso, se trata de una relación laboral, pues si bien es cierto que las cantidades percibidas por ambos no lo fueron de forma mensual ni con cierta periodicidad, ni uniformidad en cuanto a su importe y que para poder cobrar tuvieron que presentar tickets de autopistas, gasolina etc., que nunca habían realizado, con cantidades que más o menos se ajustasen a las cantidades que previamente habían pactado en su primer contrato, no se puede seguir la conclusión contraria a su laboral naturaleza y sí, por el contrario, la expresiva de su salarial carácter. Esta formal exigencia de documentación previa del gasto no tiene otro alcance y efecto que el de tratar de enmascarar la retribución en términos que impidan considerar su abono como contraprestación de unos servicios deportivo-laborales cuando es así que reconocidamente se desvincula el pago de las cantidades satisfechas (que si bien no fueron percibidas periódicamente ello se debió al incumplimiento por parte de la empresa del compromiso de pago mensual) de una (injustificada) compensación por razón de la actividad desarrollada.
Así, la justificación de los gastos que se les presentaban al cobro era una consentida operativa como mecanismo para disimular una subyacente relación de trabajo entre las partes, mediante la contraprestación salarial propia de la misma y no a través de una injustificada compensación por gastos que nunca se habían realizado. De tal manera que la formal documentación de los mismos para ajustarlas a las cantidades que previamente habían pactado no tenía otro implícito designio que el preconstituir una realidad resarcitoria no acorde a su efectiva materialización.

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