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Directrices jurisprudenciales para la apreciación del riesgo de confusión

Se parte de que los servicios a los que se aplicaban ambos signos eran idénticos o muy similares, habiendo un grado muy evidente de similitud entre el nombre comercial solicitado «Francachela Catering & Service» (mixta) y la marca prioritaria oponente «Bar Restaurante Bodegón Francachela», susceptible de generar riesgo de confusión. En concreto, un evidente grado de similitud fonético-denominativa. A esto hay que añadir que el ámbito geográfico donde ambas empresan prestan sus servicios no es coincidente, ya que una de ellas los presta en Tenerife y nunca ha ejercido en la península en donde podría producirse la confusión de signos para un consumidor medio del sector.
En este caso, El Tribunal supremo establece las directrices jurisprudenciales establecidas en otros casos, para la apreciación del riesgo de confusión marcario:
1. El riesgo de confusión consiste en el de que el público pueda creer que los productos o servicios identificados con los signos que se confrontan proceden de la misma empresa o, en su caso, de empresas vinculadas, dado que el riesgo de asociación no es una alternativa a aquel, sino que sirve para precisar su alcance (TS 18-3-10, EDJ 19165, con cita de TJUE 22-6-99, asunto C-342/97, Lloyd c. Klijsen).
2. La determinación concreta del riesgo de confusión debe efectuarse en consideración a la impresión de conjunto de los signos producida en el consumidor medio, normalmente informado y razonablemente atento y perspicaz, teniendo en cuenta el grado de similitud gráfica, fonética y conceptual, en particular, los elementos dominantes (TS 9-12-10, EDJ 258993, con cita las Sentencias TJUE 11-11-97, asunto C-251/95, Sabel c. Puma y 22-6-99, asunto C-342/97, Lloyd c. Klijsen).
3. De este modo, el riesgo de confusión debe ser investigado globalmente, teniendo en cuenta todos los factores del supuesto concreto que sean pertinentes” (TS 9-12-10, EDJ 258993, con cita las Sentencias TJUE 11-11-97, asunto C-251/95, Sabel c. Puma y 22-6-99, asunto C-342/97, Lloyd c. Klijsen; entre otras). Depende, en particular, del conocimiento de la marca en el mercado, de la asociación que puede hacerse de ella con el signo utilizado, del grado de similitud entre la marca y el signo y entre los productos o servicios designados (TJUE 11-11-97, asunto C-251/95, Sabel c. Puma).
4. En la valoración global de tales factores ha de buscarse un cierto nivel de compensación, dada la interdependencia entre los mismos, y en particular entre la similitud de las marcas y la semejanza entre los productos o los servicios designados: así, un bajo grado de similitud entre los productos o los servicios designados puede ser compensado por un elevado grado de similitud entre las marcas, y a la inversa (TJUE de 29-9-98, asunto C-39/97, Canon c. Metro).
5. A los efectos de esta apreciación global, se supone que el consumidor medio de la categoría de productos considerada es un consumidor normalmente informado y razonablemente atento y perspicaz. No obstante, debe tenerse en cuenta la circunstancia de que el consumidor medio rara vez tiene la posibilidad de comparar directamente las marcas, sino que debe confiar en la imagen imperfecta que conserva en la memoria. Procede, igualmente, tomar en consideración el hecho de que el nivel de atención del consumidor medio puede variar en función de la categoría de productos o servicios contemplada (TJUE 22-6-99, asunto C-342/97, Lloyd c. Klijsen).
6. Pero, esta exigencia de una visión de conjunto, fundada singularmente en que el consumidor medio las percibe como un todo, sin detenerse a examinar sus diferentes detalles, no excluye el estudio analítico y comparativo de los elementos integrantes de los respectivos signos en orden a evaluar la distinta importancia en relación con las circunstancias del caso, pues pueden existir elementos distintivos y dominantes que inciden en la percepción del consumidor conformando la impresión comercial. Lo que se prohíbe es la desintegración artificial; y no cabe descomponer la unidad cuando la estructura prevalezca sobre sus componentes parciales (TS 9-12-10, EDJ 258993).
A la luz de estas directrices jurisprudenciales el TS establece que, tras el análisis del juicio sobre el riesgo de confusión, la sentencia recurrida no ha infringido los criterios jurisprudenciales sobre el juicio de confusión en el presente caso.
El tribunal realizó una valoración de la similitud de los signos confrontados teniendo en cuenta la impresión de conjunto que estos signos en liza producen en el consumidor medio de la categoría de servicios a los cuales se aplican, que en este caso son muy semejantes, restauración y catering.
Existe una clara semejanza entre los signos y semejanza de servicios, de restauración y catering, para los que está registrada la marca y se usan los signos de la demandada, permite advertir que la valoración llevada a cabo por el tribunal de apelación sobre la existencia de riesgo de confusión no es incorrecta.
Por último, resulta irrelevante la circunstancia de que los servicios a los que se aplica la marca registrada se presten en una localidad de la península y los servicios a los que aplica la demandada los signos controvertidos se presten en Canarias. El juicio de confusión marcaria no tiene en cuenta el riesgo efectivo, en atención al lugar geográfico dónde se usan la marca y el signo controvertido, o los canales de distribución de los productos. La protección del registro de marca se extiende a todo el territorio nacional, y consiguientemente el ius prohibendi alcanza a dicho territorio, al margen de la extensión del uso que se haga de la marca, siempre y cuando se cumpla con la exigencia de la LM art.39.

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