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Carta “fuerte” de patrocinio

Se plantea, como cuestión de fondo, la interpretación y alcance de una carta de patrocinio respecto de su calificación como «carta fuerte», esto es, de su eficacia obligacional como garantía personal de los patrocinadores, y del alcance solidario del compromiso obligacional asumido por los mismos.
Una entidad de crédito interpuso demanda de juicio ordinario contra dos sociedades, en la que ejercitaba una acción de condena dineraria. Alega que concedió un préstamo a la entidad prestataria, otorgándose por las demandadas dos cartas de patrocinio «fuertes» para que se realizara la operación crediticia. Ambas patrocinadoras controlaban y gestionaban la entidad prestataria al ser accionistas de ella y, en consecuencia, pertenecer al mismo grupo empresarial. Incumplida la devolución del préstamo y la garantía personal ofrecida, la demandante solicitó que se condenasen a las patrocinadoras al pago solidario del saldo deudor de la patrocinada Por su parte, las demandadas se opusieron a dicha pretensión principal alegando que la carta de patrocinio sólo contenía unas declaraciones de intenciones, sin compromiso obligacional alguno. Que ninguna de ellas es sociedad matriz de la deudora y que, en todo caso, sólo deberían responder de acuerdo al porcentaje de participación en dicha sociedad deudora.
La carta de patrocinio, en su calificación de fuerte, responde a la estructura del negocio jurídico unilateral con transcendencia obligacional, como declaración unilateral de voluntad, de carácter no formal, dirigida a la constitución o creación de una relación obligatoria el patrocinador asume una obligación de resultado con el acreedor, o futuro acreedor, por el buen fin de las operaciones o instrumentos de financiación proyectados; de forma que garantiza su indemnidad patrimonial al respecto. El patrocinador asume una obligación de resultado con el acreedor, o futuro acreedor, por el buen fin de las operaciones o instrumentos de financiación proyectados; de forma que garantiza su indemnidad patrimonial al respecto.
Una vez reconocida la posible transcendencia obligacional de la carta de patrocinio, (entre otras, TS de 26-12-14, EDJ 275293), debe precisarse que dicho efecto o eficacia obligacional no se produce, dada su naturaleza de negocio jurídico unilateral, de un modo automático, sino que requiere de dos presupuestos:
1. Debe contemplar, de forma clara e inequívoca, el compromiso obligacional del patrocinador.
2. Se requiere que el compromiso del patrocinador resulte aceptado por el acreedor. Aceptación que, conforme a la naturaleza de la figura, no tiene carácter formal o expreso, pudiendo ser tácita o presunta.
De acuerdo con la doctrina jurisprudencial expuesta, las cartas de patrocinio fueron idóneas para la constitución del vínculo obligacional de las patrocinadoras, pues dicho compromiso fue determinante para llevar a cabo la operación crediticia.
Asimismo, con independencia de la posición de la sociedad matriz de las patrocinadoras respecto de la deudora, el patrocinio contó una causa para la validez y eficacia del compromiso obligacional enraizada, claramente, en el propio marco relacional de las citadas sociedades.
Por último, también debe concluirse en favor del carácter solidario del compromiso obligacional asumido por las sociedades patrocinadoras, ya que, respecto a la base del negocio que informó el propósito negocial querido por las partes, ss observa que las cartas de patrocinio, conforme a su función de garantía personal, fueron los instrumentos que las partes acordaron para garantizar, en su conjunto, la operación de refinanciación de la deuda de la patrocinada y de su matriz fiadora (participada mayoritariamente por las patrocinadoras) que se llevó a cabo con la concesión del nuevo préstamo.

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